Hace 19 días y doce etapas partían del Bierzo dos peregrinos hacia Compostela. La artista plástica y agitadora cultural Irene García-Inés y un hospitalero de Villafranca, Jesús Jato, avanzan por el tramo lucense del Camino Francés acompañados de un burro llamado Óscar. No pasan desapercibidos allá por donde van, y más teniendo en cuenta que estos días la ruta jacobea más transitada de todas está prácticamente desierta. Con la pandemia azotando y en plena segunda ola, esta es una aventura solo apta para valientes. «Prácticamente todos los albergues turísticos están cerrados. Solo los más auténticos, los que hacen esto por vocación, siguen abiertos para los pocos peregrinos que hay. Ahora no se hace dinero en los negocios y cuesta mucho mantenerlos abiertos. Pero la gente que vive a pie del Camino se está volcando. Ya no es solo que tengan que dar un techo bajo el que dormir a dos personas, llevamos también un carro de los años sesenta tirado por un burro e, incluso así, cada noche encontramos un sitio dónde dejarlo», destaca la artista. Cuenta que ese es, precisamente, el sentido de esta experiencia, que forma parte de un proyecto cultural, Por amor al Camino: «Lo que Jato y yo hacemos es vivir la auténtica peregrinación y la hospitalidad de verdad. En un momento como el que estamos, algo tan sencillo y primario como es el acto de caminar se ha convertido en algo revolucionario. Queremos reivindicar la esencia del Camino, porque veíamos que se estaba perdiendo, aunque está demostrando ser patrimonio de la humanidad, literalmente. Lo que queda de humanidad es lo nos está salvando».

Irene, con 36 años, conoce a su compañero de viaje desde que hizo por primera vez el Camino, con solo 15, y ya lo ha completado media docena de veces, pero hasta ahora nunca junto al hospitalero. Él, a sus 80 años y con una prótesis en la rodilla, no pierde el humor, a pesar de que ya le es imposible saber por dónde andan. «Nos duelen los huesos, me han dado calambres en las piernas, pero voy a seguir hasta el final. Con santa Aspirina se quitan todos los males», comenta risueño. Narran historias, cantan y bailan para entrar en calor y combatir los chaparrones que día tras día les están cayendo encima. ¿Por qué incluir a Óscar en sus planes? «Yo quería hacerlo con un burro, por su simbolismo. Es símbolo de humildad y de poder, a la vez que es un apoyo en la carga», responde la artista, fundadora del laboratorio cultural La Maya Lab, quien reconoce que hubiera sido todo mucho más sencillo llevar una mochila en vez de tener que andar aparejando al animal. «Lo del carro fue algo inesperado. Nos parecía muy complicada toda la logística, pero la víspera de nuestra salida a Jato le dio un venazo y nos plantamos en Fuenterroble de Salvatierra, en Salamanca, donde el padre Blas Rodríguez se prestó a dejárnoslo», añade. El asno (que tiene su propio pasaporte) es también de un amigo, Jonathan, quien tiene caballos en Bembibre y hace rutas arrieras a todo el mundo. Los tres recorren el Camino sin prisas. «No nos fijamos ninguna meta. No queremos llevar horario de oficina. Tenemos que ir parando, porque con la lluvia a veces es imposible seguir. Vamos con un desorden total y nos detenemos a hablar con la gente, a disfrutar de la vida social del Camino». Les impactó, eso sí, llegar a la primera gran ciudad y encontrarse con las calles de Sarria semivacías por la situación sanitaria. ¿Cuándo llegarán al Obradoiro? «Es imposible calcularlo», responden, pero están seguros de que lo harán, contra el covid, temporales y obstáculos varios. Admiten, no obstante, que su gesta no sería posible sin todos los que les han ido ayudando en estos días y la lista de nombres se va ampliando, paso a paso.

Fuente de la imagen y de texto: La Voz de Galicia

Translate »
×

Contacta con nosotros:

× ¿Cómo puedo ayudarte?