Con BanPe pretendemos crear no solo un banco donde sentarse, sino que un elemento humanizador del Camino, con una intervención mínimamente agresiva con el entorno. El diseño es sencillo, el elemento definitorio es la flecha amarilla, señal que todo caminante identifica fácilmente con el viaje a Compostela.

Es de justicia recordar aquí que fue Elías Valiña, estudioso del Camino y párroco de O Cebreiro (entrada del camino francés a Galicia), quien en los años 70 señaló con flechas amarillas el trayecto desde Francia, convirtiéndose con el paso de los años en un símbolo inequívoco.

Nuestra propuesta es centrar la atención del peregrino, sea cual sea su motivación. Hacer 100, 500, 1000 km, en bicicleta, a caballo, hace falta un banco para descansar después de tanto esfuerzo. Un banco para gozar de la soledad y la naturaleza. Un banco en el que reflexionar sobre la vida y el cambio que el camino provoca en uno mismo. Pero también es un lugar donde socializar, entenderse, a veces, únicamente con gestos o mirada, “idiomas” que hablan de la internacionalidad de nuestra ruta.

Un banco, en definitiva, donde descansar solo o en compañía. Ya que los peregrinos también hacen amistades, descubre pueblos, costumbres, y el banco pretende ser un lugar en el que pararse a escribir una dirección, el nombre de un pueblo, un número de teléfono, alguna referencia que no queremos olvidar y debe ser un espacio de convivencia en esos tramos entre etapa y etapa.

La espiritualidad, la soledad, la naturaleza, la superación de uno mismo, son elementos más que suficientes para entender en este viaje interior que supone el camino. Nuestro banco facilitará a parar para plasmar las impresiones, además, claro está, de señalar el propio camino.

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